Queridos lectores,
En primer lugar, dejadme disculparme por no haber atendido este blog como es debido. Pero como bien sabéis, soy una estudiante universitaria y como todo buen hijo de vecino, a mí también me putean entre prácticas, clases y horas en la biblioteca.
Dicho esto, quería comentaros la hipótesis sobre la suete de todo novato ante un nuevo reto. Veréis, siempre había oído hablar de que todos aquellos que juegan a algo por primera vez, y ganan, habían tenido "la suerte del principiante". Dado que soy una chica de ciencias, me gusta demostrar mis teorías y confirmar mis hipótesis, así que decidí comprobar si tal dicho popular era cierto. Como sabéis, hacen falta varios experimentos para extrapolar resultados hacia un enunciado general, pero por algo hay que comenzar, ¿no? Así que ayer mismo, por la tarde, fui con un grupo de amigos a... Jugar a los Bolos!!!
Válgame la redundancia, pero no había jugado nunca y lo cierto es que tenía muchas ganas. De modo que a las 9 íbamos en autobús (a punto estuve de darme un par de soberanas hostias cada vez que el trasto frenaba) hacia un centro comercial cuyo nombre incita a la diversión y buen rollo, "Los Cipreses". Después de hablar con el encargado de las pistas, un hombre confiado y sin miedo a los "Simpa" que nos informó que se pagaba al finalizar el juego, alquilamos una pista durante un par de horas. El amigo nos dio unos zapatos de payaso, negros y rojos, que resbalaban por el suelo de madera creyéndose esquis en Sierra Nevada.
Comenzamos a jugar, chicos contra chicas, y pasó de todo. Uno no tiraba ni un bolo a la primera tirada, pero era capaz de hacer strikes a la segunda. Otra lanzaba a romper el suelo. Otro acumulaba 0 consecutivos en su marcador y rezaba para que no continuara la racha. Una miraba mal a los bolos para que se cayeran del miedo. Otro tenía un enemigo entre los bolos que nunca caía. Y luego, estaba yo. No creáis que solo hicieron picias o strikes el resto, pero una servidora ¡ganó! Aunque cierto es que contó con la ayuda de aquel bolo que no se caía.
Nadie se creía el resultado, ni que no hubiera jugado nunca, pero los "te odio" del sector masculino, comenzaron a rivalizar con el "zas, en toda la boca" del femenino. A pesar de nuestros esfuerzos, mi victoria individual no se extrapoló al equipo entero. Sin embargo nos lo pasamos chachi piruleta, porque entre jugada y jugada, intentábamos desconcentrar a los rivales (y funcionó en un par de ocasiones) tirándoles bolas de papel, desabrochándoles los zapatos, escondiendo su auténtico calzado, mordiendo o poniendo la zancadilla. Sí, estábamos dispuestos a todo por ganar.
En definitiva, de esta simpática y cómica experiencia saqué la primera prueba de que la suerte del principiante podría ser cierta (y no saqué el regalo que me había tocado por hacer un strike porque se me olvidó pedirlo). Un pequeño paso para los profesionales, un gran paso para los novatos ;)
qué bonitas las primeras veces :P
ResponderEliminaraprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, me cuelas esa frase, eh??? jajajaja
ResponderEliminaryo siempre aprovecho cuando puedo...jajajajajaja
ResponderEliminar