miércoles, 3 de noviembre de 2010

Lo que hay que hacer por dinero

Buenas y soleadas tardes queridos seguidores. Sé que os he dejado sin noticias desde hace más tiempo del que a mí me parece cortés. No obstante, no voy a excusarme, sino que voy a recompensaros con una nueva entrada. Es más satisfactorio y efectivo, ¿no creéis?

Bien, después de mis andanzas halloweenescas entre el jueves por la noche y las visitas al cementerio el lunes por la mañana, volví a mi vida de retiro y estudio. "Abro paréntesis" no os podéis imaginar lo que encajan mis atavíos en un camposanto, justo lo contrario que mi personalidad, vivan las paradojas "cierro paréntesis".

Veréis, el tercer curso de toda licenciatura lleva implícita la idea de "viaje de ecuador", lo que a su vez implica "recaudación de fondos", procedente del inconveniente de "soy un estudiante", sinónimo para nuestros padres de "sanguijuela monetaria". En esta importante empresa me involucré hace unas semanas, pero hasta el martes pasado no había contribuido. De modo que el lunes después de comer, una amiga y yo nos metimos a recorrer los inescrutables caminos del arte de la cocina, en busca de algo que vender el martes por la mañana en un lugar tan hostil como puede ser el vestíbulo de la facultad.

La cuestión es que, tras cuatro horas de trabajo, entre chocolate fundido y nata montada, nuestros dedos chuperreteados añadieron un ingrediente pseudosecreto a una bandeja de galletitas de la suerte, otra de buñuelos y varias mini tartas de galleta, chocolate y natillas. Todo con un sabor exquisito y una presencia un tanto "vintage", porque los buñuelos querían ser discos de hockey, las tartitas hacían tributo a la torre de Babel (sí, son fans de Bisbal, qué le vamos a hacer) y las galletas querían cotillear sobre sus mensajes, en vez de guardarlos en su interior (el daño que puede hacer Sálvame...). Sin embargo, a parte de tener agujetas de reirnos, todo estaba listo para la mañana siguiente.

Imagínate a un par de chicas guapas, con sus mochilas y un par de bandejas cubiertas con papel albal. Pues esas somos mi amiga y yo caminando a la facultad bajo las inquisitivas miradas de los viandantes. Aunque lo mejor fue cuando llegamos y no había ningún compañero esperándonos. Recuerdo la situación como algo muy absurdo, de modo que empecé con mi risa floja, mientras mi amiga no sabía a quién encomendarse. Afortunadamente la espera no duró y apareció el encargado de traer el avituallamiento. Ojalá hubiéseis visto qué bonito quedó todo preparado sobre un mantel tipo picnic de cuadros rojos y blancos. Como alguien dijo una vez: "Era superideal".

A las 8:50 comenzaron a surgir los primeros clientes potenciales. Y sí, digo potenciales porque a esa hora de la mañana, pocos son los atrevidos a convertirse en clientes en acto. De hecho, tus amigos pueden ser lo más ruin jamás visto y no pararse más que a decir "holadiós", sin comprar nada. Pero tus amigas no te decepcionan, se vacían los bolsillos para solidarizarse con tu causa. Y la Donna nunca olvida (para más información, véase "El Padrino").

Es bastante curioso el hecho de sentirte observada por gente que no conoces, pero que si miras fíjamente se asusta y se pone a leer carteles a los que, en otras circunstancias, no hubiera prestado atención. Otros se ponen a estudiar la zoología de la zona, observando cómo las arañas tejen en las jambas de las puertas. Puedes encontrarte con conserjes modernos a los que no les gusta que les trates de usted, entonces tienes que aprovechar y vender todo lo habido y por haber: ¡¡Reciben un sueldo!! Aunque dejar mensajes que floten en el aire, como "mmm, qué rico está todo", no tiene desperdicio, sobre todo para hacer que la gente vaya más rápido a clase. Sin embargo, para qué negarlo, somos animales y el olor a gofres calentitos nos atrae más que la miel a las abejas.

La cierto es que vender es bastante satisfactorio, porque ves cómo a la gente le gusta lo que preparas, ves cómo se llena la saca de caras en miniatura de Juancar... Pero especialmente, cuando todo supera las espectativas de los más críticos: ese "ZAS, en toda la boca" es la mejor de las recompensas ;)

1 comentario:

  1. gloriosa última frase. Sólo puedo decir eso. El ZAS es lo que mejor sienta.
    Los buñuelos tortita son mis prefes, ya lo sabes! ;)

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